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Dice el Señor: «Canaán tiene en su mano pesas falsas, porque le gusta estafar.
Dice el Señor: «En Guilgal hicieron todo lo malo, y allí comencé a odiarlos. Por la maldad de sus acciones los voy a echar de mi casa; no voy a seguir amándolos, pues todos sus jefes son rebeldes.
Plantaré a mi pueblo en la tierra exclusivamente para mí; tendré compasión de Lo-ruhama, y a Lo-amí le diré: “Tú eres mi pueblo”, y él me dirá: “¡Tú eres mi Dios!”»
¡Un viento se los llevará en sus alas, y se avergonzarán de su idolatría!
Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho; me incliné a ellos para darles de comer,
Así pues, Israel, vuélvete a tu Dios; actúa con lealtad y rectitud, y confía siempre en tu Dios.
Dice el Señor: «¿Qué haré contigo, Efraín? ¿Qué haré contigo, Judá? El amor que ustedes me tienen es como la niebla de la mañana, como el rocío de madrugada, que temprano desaparece.
No te alegres, Israel; no saltes de contento como otros pueblos, pues te has prostituido al abandonar a tu Dios. En las eras donde se trilla el grano, te gusta recibir el pago de tus prostituciones.
Dice el Señor: «Voy a curarlos de su rebeldía; voy a amarlos aunque no lo merezcan, pues ya se ha apartado de ellos mi ira.
¡Vuélvanse ustedes al Señor su Dios, y desgárrense el corazón en vez de desgarrarse la ropa! Porque el Señor es tierno y compasivo, paciente y todo amor, dispuesto siempre a levantar el castigo.

